Los años maravillosos – Parte 4.5

Las convenciones

Mientras estuve en la universidad, asistí a muchas convenciones de animación en Guadalajara y a algunas en el DF. De hecho, fue en una ida a la CONQUE en la que conocí a Víctor (el panda) en persona.

Recuerdo que asistí a la primera Comictlán, un evento sin precedentes en Guadalajara; prometía mucho, y era lo que muchos aficionados a la animación y cómic japoneses habíamos estado buscando. En aquel entonces era todavía muy difícil encontrar material, y teníamos que pelear con una sociedad que nos veía como seres raros solo por el hecho de que nos gustaban las caricaturas, por aquello de que “las caricaturas son para niños”.

No hablemos de en qué terminó esa esperanza… ni ese evento. Al menos no en este tema.

Gracias al panda, conocí una tienda en Cuernavaca llamada Momiji, en la que había muchos mangas no tan comunes en México. Y desde entonces, cada ida al DF incluía a fuerzas una visita a Cuernavaca, solo para ir a comprar cosas. Fue ahí donde comencé mi colección de Yawara (manga), y todavía recuerdo las palabras de la gente de la tienda cuando compré los primeros 4 volúmenes: “¡Por fin se vendió! Nadie la compraba”. Aunque no completé la colección ahí, de esa tienda salió el 80% de ella (Yawara se compone de 29 volúmenes en formato “tankobon”).

¡Anime Expo!

Durante mi primer trabajo por fin se me presentó la oportunidad de ir a la Anime Expo en Los Ángeles California. Era como un sueño que se iba a cumplir por fin; había escuchado las historias de conocidos que habían ido en años anteriores, y todos concordaban en que era la mejor convención a la que habían asistido, y que ninguna de las que existían en México en ese entonces se le podía comparar.

Preparé todo. No tenía visa, pero con el trabajo y la antigüedad que tenía, siempre creí que no sería problema obtenerla. Y estaba en lo correcto: aunque me la dieron solamente por 3 meses, no tuve que presentar ningún papel más que la impresión de la página web de la convención. Por supuesto que en el trabajo pedí permiso con mucho tiempo de anticipación, pues no quería sorpresas a la hora de la hora.

Había tramitado mi visa, me preparaba para comprar los boletos… cuando mi jefa, aquella que describí en la parte anterior, de un día para otro me dijo que siempre no me daba permiso. Así, sin mayor explicación…

Creo que no puedo describir los sentimientos de frustración, tristeza, impotencia y enojo que experimenté esa vez. ¡Ya había pedido permiso y me habían dicho que sí! De lo contrario, ni siquiera me habría tomado la molestia de tramitar la visa. Creo que, hasta ese día, era la primera vez que me había enojado en serio, en la que simplemente quería patear algo, golpear la pared hasta que me sangraran los puños. Necesitaba sacar el coraje, pero a final de cuentas todo se quedó en quejas mías… No logré nada.

No fue hasta el siguiente año cuando al fin, después de tanto esperar y de una gran frustración, que se me hizo estar en Long Beach, en la Anime Expo 2001. A ella asistí con un amigo (que por cierto anda en este momento por acá en Japón), y ya en California nos encontramos con otro amigo que se había ido por su lado a la convención.

En ese entonces, dirigía el programa de radio “Mister Cómic” en Guadalajara (que por cierto, hace poco volvió a comenzar), y logré obtener un pase de prensa; gracias a ello, pude estar en la conferencia de prensa de Yuu Watase (autora de Fushigi Yuugi) y hacerle varias preguntas en japonés, platicar en la misma mesa con Kikuko Inoue (la voz de Belldandy), lo cual para mí fue una especie de orgasmo mental que duró más que el un cerdo :D, y estar en primera fila en conferencias de gente encargada de hacer diferentes series. El concurso de disfraces, el de AMV (Anime Music Videos) y la sala de juegos abierta 24 horas hicieron del viaje toda una experiencia, tanto como miembro de la prensa como de aficionado. Entendí que a México le faltaban (y le siguen faltando hasta la fecha) años luz de preparación, organización y seriedad para acercarse un poco a la calidad que presenta este evento, pero quejarme de esto es motivo de otro tema.

El viaje se repitió el siguiente año, pero esa vez fui con Omar y con el Panda. Omar y yo salimos de Guadalajara, y nos encontramos con el panda en el hotel donde nos hospedaríamos. De nuevo obtuve pase de prensa, y esa vez pude estar en la conferencia de prensa de Nobuhiro Watsuki (autor de Rurouni Kenshin).

El hecho de haber podido estar en contacto con los creadores de obras que había leído y disfrutado, y con la voz original de Belldandy, hizo que lo que gasté en ambos viajes valiera la pena. Además, el japonés que había estudiado hasta ese momento estaba comenzando a rendir frutos. Recibí algunas invitaciones de grupos de fansub para fungir como traductor, pero las rechacé. No crean que fueron muchas, pero sí fueron varias.