Los años maravillosos – Parte 4.5

El inicio

Básicamente, comencé a ver animación japonesa, aunque no en forma, cuando unos amigos conseguían videos y nos juntábamos para verlos. En ese entonces no le daba mucha importancia a que fuera animación japonesa o no; las historias eran interesantes, y era lo que contaba.

Me enamoré de Belldandy gracias a que otro amigo me prestó un video con las 4 primeras OVA’s que salieron en ese entonces, y me moría por ver el capítulo 5, que al final pude conseguir. Lo habían logrado: me habían enviciado, y quería más.

Recuerdo que en ese entonces comenzaron a proliferar los clubes de animación, concretamente “Nippon Manga”, que se hizo de fama en Guadalajara porque era de las primeras organizaciones que tenían como base lo referente a la animación y cómics japoneses. Yo nunca “pertenecí” a él, pero hice varios amigos que sí estaban “afiliados”. Algunos siguen siendo buenos amigos, otros… bueno, digamos que “se alejaron” voluntariamente.

Que no haya pertenecido al Nippon Manga no significa que no lo haya hecho en otro club. Se abrió uno llamado “Neo Tokyo”. Al principio era más bien para ir a jugar Playstation, pero después se fueron haciendo de material, rentaron una casa, y nos cobraban “mensualidad” para la manutención de la misma. No estaba solo: el grupo de amigos con los que jugaba rol (afición que tengo desde la preparatoria) también ingresaron al club, pero no para ver animación japonesa o disfrutar videojuegos, sino para tener un lugar para “rolar” a gusto (ya que tuvimos un enfrentamiento con los administrativos de “La Gran Plaza” debido a que no nos dejaban jugar rol ahí porque pensaban que era un juego de azar… veían los dados de 4, 8, 10, 12, 20 y 100 caras y creían que estábamos apostando).

Por supuesto que lo del Neo Tokyo no duró mucho, tanto por falta de organización de los fundadores, como por falta de ganas de pagar por tener donde jugar por parte de mi grupo.