Los años maravillosos – Parte 4

Trabajo

Mi padre siempre estuvo en contra de que trabajara y estudiara al mismo tiempo. Su argumento se basaba en su propia infancia, pues él tuvo que trabajar desde los 7 años para poder ayudar a su familia; sus palabras eran “una vez que comienzas a obtener dinero, se te olvida la escuela”. Pero en mi caso eso no aplicaba: el estudio siempre había sido mi refugio de la realidad, por lo que siempre que trabajaba lo hacía a escondidas de él.

El primer trabajo que tuve fue de encuestador en el censo de población y vivienda del INEGI en 1990, cuando contaba solamente con 11 años. Asistí a las capacitaciones y tenía un área que cubrir, así que me tocaba ir de puerta en puerta a censar a las personas. Curiosamente nunca tuve problemas ni nadie se negó a responder las preguntas.

Después estuve como ayudante en un fotolito de un vecino, y ahí aprendí sobre imprentas, cómo revelar película y un poco de serigrafía. Gracias a esta experiencia, pude entrar al fotolito de un tío, aunque el gusto me duró 15 días solamente porque mi padre se dio cuenta y mi tío prefirió evitarse problemas… aunque después me contrató el hermano de ese tío (que para aclarar, no es pariente directo, sino esposo de una hermana de mi mamá) para ayudarlo en el área de serigrafía, pero dejé el trabajo en la primera quincena porque sentí que el pago no fue justo.

De ahí, la hice de profesor particular, encuestador para empresas de publicidad, y hasta estuve unos meses como ayudante en un puesto de fayuca, donde entré más que nada para poder jugar Súper Nintendo, porque de otra forma nunca lo iba a tocar.

Escritos los antecedentes…

Desde que entré a la universidad tenía la intención de laborar en algo referente a la carrera, pero sentía que no estaba listo, y con gente como Omar, que consiguió trabajo en el periódico El Informador desde los primeros semestres de la carrera, me sentía todavía menos capacitado. Sin embargo, cuando comenzó el 5to. semestre, comencé a correr la voz de que quería trabajar, y llegó a un profesor que justamente estaba buscando quien le ayudara en su otro trabajo en una empresa privada. Necesitaba un programador, y sin tantos rodeos, entré a la mencionada compañía. Mi sueldo no era la gran cosa, pero al menos era algo.

Por supuesto que hasta ese momento el poco dinero que tenía era porque mi papá me daba para ir a la escuela (el transporte y algo para comer). Y como no quería entrar a ese trabajo sin decirle nada, decidí hablar con él. Cuando se lo comenté, tuvimos una de esas pláticas “serias”, en la que mi padre quería que ya ganara la millonada. Cierto, ya era un trabajo más “en forma” porque requería conocimientos técnicos, pero era mi primer trabajo así, por lo que para mí valía más la experiencia que el dinero que pudiera recibir. Mi padre aceptó.

El trabajo era, si mal no recuerdo, de 3:30 a 7 pm, de lunes a viernes. Programaba en Visual Basic 5 y 6, usaba SQL Server y era el administrador de Lotus Notes. Era divertido, y mi primer programa no tuvo ningún problema serio y fue puesto en producción después de revisar un par de errores.

Me gustaba lo que hacía. Era el más joven de la empresa. La programación en sí no era reto, pero las nuevas herramientas y la creación de algoritmos sí lo eran. Me trataban bien y yo les respondía; quizá la única queja que podrían haber tenido de mí era que SIEMPRE tenía el BBS del ITESO abierto. Siempre había una ventana con telnet conectada al BBS, y sí, hablaba con mis amigos, pedía consejos, escribía sobre anime y manga, etc., y lo curioso es que en la empresa había otra chica que también lo usaba, así que al menos no me sentía solo con mi culpabilidad. No obstante, nunca fallé en el trabajo, ni siquiera retrasé una sola fecha de entrega. Comenzaba a desarrollar mi forma de hacer las cosas. Era mi primer trabajo, y realmente me había enamorado de la empresa.

Servicio social

Para poner en contexto a quienes no están familirizados con el término: el servicio social consiste en realizar actividades referentes a tu carrera (en teoría) ya sea en instituciones de gobierno, escolares o incluso en algunas empresas, y sin fines lucrativos; la duración depende de cada carrera, pero por lo general son 900 horas (al menos en la Universidad de Guadalajara), y toma más o menos un año completarlo. El servicio social es requisito para poder graduarse. El hecho de que haya formas de acabarlo más rápido ya está fuera del alcance de este blog.

Entrados en contexto.

A nuestra generación le tocó elegir las plazas del servicio social al comenzar el 6to. semestre. Como siempre hay lugares mejores o más fáciles que otros, el orden de selección sería por promedio, del más alto al más bajo. ¿A que no adivinan quién fue el primero que nombraron? 爆笑 Vaya que me sentí raro esa vez porque caminas hacia el centro del auditorio y sientes las miradas de TODOS, y no porque dé vergüenza, sino que sabes que más del alguno está viéndote con envidia. Pero contrario a lo que todo mundo pensaba, yo no agarré la plaza más fácil o la que en un futuro me podría conseguir un trabajo de forma más fácil (algunas empresas usan el servicio para evaluar a futuros nuevos empleados, y cuando estos terminan el servicio social los contratan directamente), sino la que más me llamaba la atención por lo que se supone que había que hacer: Unix, administrador de red y soporte técnico. Dejen de lado los 2 últimos, el hecho de poder manejar Unix (que a fin de cuentas fue Solaris) era para mí un gancho enorme, tanto, que no me importó que el lugar estuviera como a hora y media de distancia.

Lo sucedido durante el servicio puede resumirse así: comencé teniendo un jefe muy bueno y amigable; daba soporte técnico (y fue ahí donde comprendí por qué todos le huyen… me pasó lo de “el monitor del rector no prende”, y por supuesto que era porque no estaba conectado) y tenía a la novia cerca (V, ella estudiaba en ese centro universitario). Cuando me convertí en el administrador de la red, pusieron a 2 nuevos jefes: me llevaba bien con uno, y con el otro era nada más de dientes para afuera. Sufrí, pero al final terminé mis horas, y eso que estoy omitiendo la historia de la jefa que me tocó después.

¿Cómo le hice con el trabajo y el servicio? En la empresa me dieron permiso de asistir sólo los sábados durante medio día, así me podía concentrar en la escuela y el servicio durante la semana. Les digo: me trataban muy bien, y me gustaba mucho el ambiente.

14 thoughts on “Los años maravillosos – Parte 4”

  1. vaya, me llamó la atención lo de aprender japonés por mero hobby 🙂 y como eso luego viene a determinar lo de la beca, y tu ida a Japón y tu blog y esto que escribo 🙂

  2. NO, no, no, no, no!!! No puede ser que no te hayan hablado en el primer intento de la beca de Monbukagakusho. Nomás pienso en eso y me enojo. Me imagino como te habrás sentido tú…
    Me pregunto que habrá pasado al final con lo de tu beca XD

  3. “No voy a mencionar nombres porque no es mi intención “quemar” a nadie”

    Deberías menciona su nombre. Ese tipo de personas, que lamentablemente abundan, son el cancer de este país y deben ser expuestas.

  4. Zaz y ¿por la parte 5.5 contarás del viaje a AX?, ¿o eso es otra historia?

    Muy interesante, no me termina de gustar el paginado, sobre todo por que rompe el rss, pero bueno, es un poco más cómodo para leer en el sitio.

    Saludos.

  5. He intentado inspirarme para comentar algo decente pero esta vez la inspiración no quiere cooperar conmigo. En resumen, me gustó mucho esta entrega aunque sentí que la terminaste de forma muy abrupta (…así o más exagerada =D??), quizá sea porque esperé un buen rato para leerla y me quedé con ganas de saber un poco más. En fin, la vida sigue su curso así como lo hará esta historia, mientras tanto te agradezco el tiempo que inviertes para conozcamos un poco más sobre ti…ahora a esperar la parte 5.

    P.D. Pronto podrás publicar un libro autobiográfico =D!.

  6. Muy buena la anécdota de esa parte de tu vida, como pusiste en el titulo “Los años maravillosos”, realmente fue una gran experiencia para ser la persona que eres actualmente. Pasaste por muchas cosas y al final te fue bien compensado. Con lo de la empresa que no los liquidó como debería, ¡Que poca! pero, poco a poco te fuiste abriendo paso a otras oportunidades y las aprovechaste, la anécdota termina en el año 2002 un año antes de irte, supongo que pasaron muchas cosas antes por eso decidiste redactarlo en otra parte; y es feo pensar por que las cosas no suceden cuando uno quiere, por lo de la beca, pero más tarde lo conseguiste.Pues esperaremos la 5a parte para conocer las causas del desenlace, por que la mayoría sabemos el final ja ja ja. Gracias por compartir tus vivencias. Arigatou gosaimasu!!!

  7. Muy buenos los anécdotas, fijate que el “por alguna extraña razón” no sentirse listo es algo que he experimentado. Gracias por compartir, nos seguimos leyendo.

  8. Hola Manuel!
    Me gustó mucho lo que escribes y gracias por compartir ese proceso.
    Me sentí identificada con la parte de las diversas situaciones laborales a las que te enfrentaste, al final todas son aprendizaje.
    También comprendo cuando comentas que no sabías por qué pero no te sentías listo, debió ser duro luchar por comprender los obstáculos externos e internos, pero qué bueno que siempre tuviste claro que serías un triunfador.
    Por otro lado, en las entradas anteriores de “los años maravillosos” explicaste tu historia con V, pero no recuerdo que la hubieras concluido de forma clara, qué pasó con ella al final?!! Perdón que te pregunte esto, pero como fiel lectora de tu blog, debo decir que me quedé con la curiosidad, y sobretodo con el desenlace de esta entrada.
    Saludos!

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