6 años de “bloguear”

Llegué a Japón en 2003, pero este blog lo comencé en 2004, más por recomendación que por iniciativa propia. Así fue el principio. En aquel entonces, ahora ya lejano septiembre de 2004, sinceramente nunca me pasó por la mente que 6 años después seguiría escribiéndolo.

Mucho ha pasado en mi vida por este lado del mundo; familiares se fueron y no estuve ahí para despedirlos. Otros nuevos llegaron, y cada que voy a México todavía me cuesta trabajo recordar algunas caras; otros más, crecieron; obviamente no serían niños toda la vida, pero una vez que te alejas y regresas después de un tiempo, el cambio te sorprende mucho.

Me volví un dizque maestro y luego un dizque doctor, en medio de un montón de problemas y contratiempos. La falta de apoyo fue casi fatal, pero salí, bien o mal, pero al final salí. Y justamente la premura del anuncio de mi graduación es lo que me puso en donde estoy ahora. No es un secreto que no estoy a gusto en este momento, por eso necesito moverme para no ser atrapado por la rutina y lo monótona que puede llegar a ser la vida acá.

Aprendí a comer de todo, y a probar todo antes de decir si me gusta o no. Era muy especial para comer en México, y así como podía comerme 9 hamburguesas caseras y 2 tortas ahogadas para la cena (verídico, varios amigos están de testigos) o 30 tacos al pastor y quedarme con hambre (mi abuelo, en paz descanse, lo quiso comprobar, y lo vio con sus propios ojos, jeje), también podía dejar un manjar sin tocar solo porque no me gustaba como se veía. Acá, estando solo, era de aprender a comer de todo o aguantarme y comer lo mismo los 7 días de la semana. ¡Hasta aprendí a cocinar un poco!

Corroboré que tenía deseos de independizarme y de hacer un montón de cosas por mi cuenta; aprendí a extrañar a la familia, y sobre todo, a querer y a admirar a mi país por lo que tiene y ofrece.

He visitado lugares que ni en sueños había imaginado que lo haría (Macao, por ejemplo). He hablado en lugares que pensé que no alcanzaría.

El blog ha sido testigo de todo esto y mucho más.

Mucha gente bromeaba y me decía “una vez que llegas a los 30, ya nada es igual. Todo termina. No es lo mismo, los sueños se van y comienzas a ver la realidad”. Es cierto el hecho de que ves la realidad con otros ojos, pero para nada los sueños terminan; ¡al contrario! Rara vez estoy conforme con algo, y todavía hay muchos sueños que cumplir y han surgido otros nuevos que perseguir. No obstante, es verdad que muchas veces la situación no ayuda, pero es ahí donde hay que echarle los kilos. Que no quede por uno.

Siempre me digo a mí mismo que no he logrado nada con mi vida, y nunca lo he dicho con afán de menospreciar a los demás; simplemente nunca he tenido esa sensación de “alivio” ni de “seguridad” por haber realizado algo. Para muchos, un doctorado es una gran hazaña, una gran meta. ¿Para mí? Era un sueño, cierto, pero no se cumplió como me hubiera gustado y eso me tiene un poco desalentado. Con todo, es un principio, y siento que todo lo que me está pasando ahora es un escalón para alcanzar un nivel diferente, uno que no es ni económico ni social, sino totalmente personal. Sueño con el día en que diré que estoy lo suficientemente satisfecho con algo que yo haya hecho, independienmente de si eso me trae o no beneficios económicos, políticos, sociales, etc.

No les voy a mentir: a ratos me siento desorientado. Algunos sucesos acontecieron de forma tan rápida que no tuve tiempo de ver más allá de donde debería haber visto. No lloro por el pasado, pero hay que estudiarlo y comprenderlo para evitar cometer los mismos errores.

El blog seguirá siendo testigo de esto. Y no importa si llega el día en que este mexicano ya no esté en Japón, será cuestión nada más de sacar un blog parte 2 y continuar en él.

Y por supuesto, estoy muy agradecido con todos ustedes, los que me leen, lo que lo hacían y dejaron de hacerlo, los que comentan; no sé si lo que escribo y comparto les es útil, pero espero que así lo sea.

Y sí, aunque debí haber escrito esto el mes pasado, de plano hubo momentos en los que lo último que quería ver era una computadora prendida. Dicen que más vale tarde que nunca. jeje.

Por acá andamos.